7 de enero de 2013

...Esa noche olvidé masturbarme. Después de lavarme los dientes y contemplar durante un minuto los restos de aquella acción, la escupida con sangre y pasta dental que reposaba en la pileta del baño, decidí ir a dormirme. Era una noche extraña, desolada, melancólica, tan melancólica que no lograba distinguir en la oscuridad la silueta de los pocos muebles que se encontraban en mi habitación, hice mi mayor esfuerzo pero fue en vano, la lobreguez la gano a mis ojos...

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